¿Acabará la IA contigo, abogado?
¿Acabará también contigo, pobre humano?
¿Cómo nos va a afectar a los abogados esta cosa de la IA?
Este es uno de los temas sobre los que más tiempo he leído y hablado en el último año.
Hace dos semanas charlé con Sergio Maldonado sobre esto en su podcast.
La de Sergio es una opinión muy destacable. Su perspectiva es privilegiada: está en lo digital desde el principio, está en EEUU -en toda la pomada- y es un early-definer (más que adopter).
No hay más que ver la plataforma de servicios jurídicos que ha lanzado: todolaw.com
El tema da para mucho y creo que te puede afectar a ti, y no sólo al abogado que tienes ahí colgado. Así que dejaré por aquí las ideas que me parecen más relevantes y de dónde las he sacado.
Ya les aviso que alguna de las más sonoras la saco de mí mismo, así que luego no me lloren.
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1.- How it started: “MUAHAHA Soy inchustituíble”
Yo sé que ustedes nunca han visto la potita escena que voy a describir, pero yo lo he visto con frecuencia.
Es el de un abogado (da igual la edad, ¿eh?) que un día probó ChatGPT gratuito haciéndole una pregunta complicada -normalmente la que él sudó para resolver- sobre un asunto que le tocó estudiar la semana pasada.
La prompt era una porquería y la respuesta de la IA, otro tanto: una respuesta genérica con dos alucinaciones que no se las saltaba un becario.
El abogado sonrió ante el tranquilizador desastre, se golpeó el pecho con los dos puños y bramó “IN YOUR FACE, SAM ALTMAN” “WE SHALL OVERCOME!!” “NI ÍA NI ÍO!!!”, “CHOI INCHUSTICHUÍBLE MUAHAHA!!!”.
Invariablemente el día de ese “test sientífico definitivo” fue anterior a noviembre de 2025, porque si no, otro gallo hubiera cantado.
Pues bien, tengo buenas y malas noticias para ese abogado.
Malas, mayormente.
…How it´s going
En noviembre del año pasado, la IA pegó un salto cualitativo. Desde entonces, no se detectan los errores groseros ni los documentos erráticos a los que estábamos acostumbrados.
Pero no vengo a hablar de lo que bien que funciona ahora, sino de los cambios esperables alrededor de la nueva tecnología.
La IA no se limitará a automatizar tareas jurídicas: cambiará drásticamente la captura de valor en la profesión legal, la estructura de los despachos, la relación con el cliente y el significado de eso que hemos dado en llamar “el ejercicio del Derecho”.
Tal es la conclusión convergente de Reshuffle de Sangeet Paul Choudary, y del paper “Some Simple Economics of AGI“, de Christian Catalini, Xiang Hui y Jane Wu (febrero de 2026), las dos principales fuentes del post-ladrillo que se disponen a, en el mejor de los casos, ver en diagonal.
Que les conozco.
2. Democratización del conocimiento…
Tanto Reshuffle como Economics of AGI llegan a la misma conclusión por caminos distintos: la IA convierte en commodity el componente de conocimiento profundo del profesional. Y eso tendrá un impacto en… el precio.
Reshuffle identifica tres restricciones en torno a las cuales se organizan los sistemas —escasez, riesgo y coordinación—.
Cuando la IA liquida la escasez de conocimiento profundo (porque la investigación jurídica, la síntesis de casos y el análisis regulatorio resultan mucho más rápidos -y hoy prácticamente gratuitos, ya veremos mañana-), el valor económico se lo quedan quienes gestionan las otras dos restricciones.
… versus “skin in the game”
Cuando el acceso al conocimiento ya no es escaso, el valor del abogado reside en la aplicación del criterio y la estrategia y en la asunción y gestión del riesgo.
Desaparecida la escasez, hay que justificar los honorarios en otro lugar y medirlos de otro modo, no por horas.
Un abogado que busca, digiere y regurgita conocimiento jurídico está desempeñando una tarea fácilmente automatizable y por tanto, fungible.
Un abogado que ayuda a un decisión maker a hacer mejor su trabajo, a tomar una dirección u otra con consecuencias relevantes —asumiendo responsabilidad por dicho asesoramiento— opera en un contexto y ofrece un servicio que estará fuera del alcance de la IA durante mucho tiempo.
Creo.
En un mundo (éste que habitas, hoy) en el que Claude puede recuperar y sintetizar normativa y jurisprudencia de forma notable en segundos, el valor del abogado reside en la capacidad de mirar a su cliente a los ojos y decirle “haz o deja de hacer esto” asumiendo las consecuencias del consejo.
Nada nuevo bajo el sol: lo que tiene y siempre tuvo valor añadido es la aplicación de criterio en condiciones de incertidumbre y bajo el régimen de responsabilidad profesional.
Cualquier IA te sacará en minutos un buen borrador de nota con las consecuencias sancionatorias de hacer esto o aquello (el artista siempre conocido como “salvaculos”).
Pero lo que siempre ha sido valorado -y lo será cada día más- es el profesional capaz de apuntar en la dirección más practicable o mejor defendible, con o sin esa nota de por medio.
Cosa distinta es que antes se facturara conjuntamente “conocimiento” y “criterio”. Ahora tocará justificar facturación en esa cualidad a veces tan fácil y otras veces tan difícil de explicar, que hace que una vez que olfateas a un abogado bueno de verdad no te quieras separar de él (o de ella) ni con forceps.
3. La crisis de la hora facturable…
Concreción de lo anterior: una IA comprime la elaboración de un informe de investigación de 40 horas en 60 minutos de generación “Deep research” supervisada.
No una IA gratuíta, claro, pero sí un sistema alimentado con los antecedentes correctos, con sus flaquezas y fortalezas estudiados y atendidos, con base en una skill de quinta iteración, al que se pregunte y cuyo resultado se supervise de la forma adecuada.
En este escenario, el criterio de honorarios basados en “hora facturable” se vuelve absurdo. Por dos razones:
.- Economics of AGI subraya esta cuestión desde la perspectiva de la demanda, prediciendo que los modelos de ingresos derivados del “trabajo del conocimiento” pasarán del “Software-como-Servicio” al “Software-como-Trabajo”: monetizando resultados en vez de acceso o tiempo.
.- Reshuffle apunta a la oferta: asistiremos a una reestructuración fundamental de la economía de los despachos. Los despachos que se aferren a la hora facturable no quedarán simplemente desfasados: estarán infravalorando su propia ventaja comparativa. Si la IA redacta en minutos, cobrar por esos minutos será un ejemplo catastrófico de “race to the bottom”.
… y el boom del criterio, la experiencia y la estrategia
¿Cobrar por el criterio, la estrategia, la verificación experta y la responsabilidad que hacen realmente ejecutable y útil ese borrador?
Ahí estará la facturación premium.
Nada nuevo bajo el sol: eso siempre estuvo ahí: en la intervención clave de la reunión crítica, en el resumen ejecutivo de cinco bullets, nunca en el informe coñazo de cuarenta páginas que nadie relevante se va a leer nunca.
Ciertamente se vienen reuniones incómodas con clientes: ante la tendencia natural (y justificadísima) de rebajar honorarios por la evidente optimización en tiempos derivada del uso de la IA, tocará poner en valor la carga cognitiva y de responsabilidad ligada a la nueva forma de trabajar:
Por una parte, orquestar y refinar el trabajo de agentes de IA y supervisar sus outputs es agotador, como puede atestiguar cualquiera que lo haga.
Por otra, si con una prompt a Claude o ChatGPT ya crees que tienes todo lo que necesitas para tomar una decisión importante… ¿Por qué me pides que te la valide? En concreto ¿Por qué precisamente a mí?
Mientras la respuesta a esta última pregunta sea la correcta, sobrevivirás al tsunami de la IA.
4. Responsabilidad profesional: inesperado moat o foso competitivo
Reshuffle contiene una frase totémica que se desarrolla a lo largo de buena parte de sus páginas: “Las herramientas amplifican el rendimiento, pero las soluciones absorben el riesgo“.
Las herramientas de IA “especializadas” (en nuestro caso: jurídicas) como Harvey o Legora tienen varios problemas obvios y uno profundo.
En la parte más obvia, no son más que wrappers con un blindaje RAG avanzado. Dicho llanamente, son una capa de personalización pintada sobre el antepenúltimo modelo frontera de OpenAI o Anthropic: estás pagando un pastizal al mes por un modelo de hace meses -que son lustros en el actual contexto loco de la IA-.
Estos envoltorios de modelos frontera están especialmente diseñados para capitalizar la aversión al riesgo de los abogados (no suelen ser muy techies pero lo que sí que son es muy temerosos de la responsabilidad profesional por alucinación).
Y eso está bien. Pero escúchame bien letrado: la IA aplana y homogeneiza el conocimiento. Y esa moneda tiene dos caras:
El profesional mediocre, cuyo trabajo esté por debajo de la media verá impulsado su nivel hasta que su medianía alcance la media del sector.
El excelente debe ser capaz de identificar el contenido en que se concreta su diferencia, articularlo y entrenar con él a la IA para que le multiplique, en vez de igualarle hacia abajo.
El problema, ni que decir tiene, es que al entrenar a ChatGPT con tu mejor contenido, estás entrenando a un señor tan de fiar y con tan buenas intenciones como Sam Altman, o a cualquiera de sus amiguetes bros: gente que lleva años predicando que su invento te quitará el curro.
Pero la clave está en la responsabilidad.
Harvey puede despachar un documento legal impresionante. Pero recordemos que no se puede demandar a Harvey por inventarse una sentencia. No puede ser sancionada por un colegio de abogados. Harvey no puede firmar un dictamen. No tiene seguro de responsabilidad civil profesional.
Es el abogado cuya firma, cuyo cuerpo se interpone entre el output de la IA y las consecuencias para el cliente representará en unos años la función económicamente más escasa, el cuello de botella del sistema.
Pocos pueden ignorar que vienen curvas para todos los perfiles laborales que han vivido de producir rutinariamente papeles idénticos entre sí.
Sin embargo, los profesionales -y los abogados- especializados en situaciones de alto riesgo —operaciones corporativas complejas, entornos regulatorios novedosos, litigios complejos— conservarán su capacidad de fijación de precios mucho más tiempo.
5. De “recolectores” a “verificadores”
Economics of AGI pronostica una colisión entre dos curvas de coste: la del coste de automatización que desciende exponencialmente y la del coste de verificación, que seguirá constante, porque está limitado por nuestras muy modestas capacidades humanas.
¿Qué significa esto?
Como bien sabes si estás en la pomada, la IA puede generar un contrato de 50 páginas, una comparativa entre normativas de cinco países, un resumen de un paper de los jodidos y una presentación resumen en media horita.
Como decimos, hoy el precio que paga el usuario de modelos frontera es cercano a cero. Mañana ya veremos.
Pero alguien tiene que verificar que todos esos outputs son correctos, completos y -fundamentalmente- relevantes para la situación y alineados con la intención real del cliente.
Esa verificación seguirá siendo cara, lenta, limitada por las limitaciones humanas.
La trampa del “informe facherito”
El texto jurídico generado por IA siempre va a ser formalmente impecable, estructuralmente sólido y materialmente incoherente en aspectos que un abogado experimentado detectará.
Nada nuevo bajo el sol: es lo que siempre ha pasado con los borradores de los juniors, incluidos los más listos: notas inmaculadas, sin una sola falta de ortografía, -vamos a suponer que sin alucinaciones-, pero irrelevantes, desnortados o alejados de lo que el cliente claramente nos estaba pidiendo, o manifiestamente necesitaba o esperaba (aun sin pedirlo explícitamente).
El truco del almendruco: De forma crítica, “Economics” sostiene que utilizar IA para verificar IA es muy peligroso: “genera falsa confianza” porque el verificador y el generador comparten los mismos puntos ciegos.
El autor de Reshuffle propone la teoría del sándwich: el profesional define lo que se necesita, la IA genera un borrador y el profesional vuelve a aparecer para verificar y asegurar un resultado correcto y relevante.
La competencia de verificación será mucho más importante que la de producción.
Esto no sólo incluye detectar alucinaciones, sino sobre todo dónde la IA “no lo ha pillao”, la brecha entre la información extraída y el contexto del cliente, la pregunta importante que no te han hecho...
Es decir, destilar la información plana en consejos de valor inmediatamente accionables.
Unan a la capacidad de verificación, cuarto y mitad de psicología aplicada para saber si lo que necesita tu cliente es que le respalden, que le convenzan de lo contrario o que simplemente te apartes de su camino, y tendrás el perfil de abogado que siempre ha tenido éxito, con o sin IA. Again: nada nuevo bajo el sol.
Por supuesto que el combo formado por (i) un vistoso informe facherito (ii) sin revisar o lo que es lo mismo, (iii) revisado por un Directivo sobrao ya está dándonos tardes de gloria.
Esto irá a más. A mucho más.
6. “Encima” y “debajo” del algoritmo
Reshuffle divide a los trabajadores en dos categorías: quienes diseñan, construyen y aprovechan los sistemas de IA están por encima del algoritmo.
Aquellos cuyo trabajo es gestionado, estandarizado y evaluado por sistemas automatizados están por debajo.
Por encima del algoritmo el profesional contempla extasiado lo que puede hacer con sus nuevos superpoderes.
Los abogados que utilicen la IA como “motor” para rediseñar la prestación de servicios jurídicos —creando nuevas arquitecturas de flujos de trabajo, desarrollando procesos propietarios de asesoramiento aumentados por IA o construyendo infraestructura de verificación— estarán por encima del algoritmo.
Los abogados que permanezcan aferrados a tareas rutinarias y estandarizadas por la IA (revisión documental, redacción contractual básica, checklists regulatorios) se encontrarán cada vez más por debajo de él, compitiendo en velocidad y coste con IA y con una competencia tan comoditizada como ellos.
Sí: se viene una “überización” cruel de la profesión para “los de abajo”.
Quien se queda por debajo pierde agencia y capacidad de fijación de precios.
Parece inevitable el adelgazamiento de plantillas de las grandes estructuras.
Y la precarización de los supervivientes cuya única función, una vez automatizados los flujos de trabajo, sea la revisar outputs generados por la IA
Y ojo que por “grandes estructuras” no sólo me refiero a los despachos consagrados, sino también y sobre todo a las plataformas de contratación flexible de abogados por proyecto, capaces de cobijar por semanas profesionales técnicos sin competencias comerciales, absorber su expertise en forma de entregables o de “skills”, reducir su trabajo a métricas cuantificables, optimizar y pagar sólo aquello que los clientes pueda en efecto medir (y glups, calificar), y prescindir del resto, incluidos vaporosos conceptos como los que llamamos empatía, buen rollo, chispa, talento, room reading o genio.
Cuidado, compañero, alguno de estos players incluso podría llegar intentar cobrarte por acceder a tu propio knowhow, convenientemente agregado, regurgitado y paquetizado para la ocasión… dentro o fuera de una IA propia.
“Está pasando”.
… pero ojo con poner todos tus, erm, huevos en la misma cesta.
Uno de los elefantes en la habitación es la burbuja de la IA.
Las grandes compañías están subvencionando la adopción masiva de la tecnología, perdiendo literalmente dinero con cada una de nuestras prompts.
Un artículo viralizado tras el cierre de Sora, apunta a una subida del precio del token de entre x10 y x100, para finales de 2027.
Puede que no sea tanto (x100), y puede que no sea tan pronto, pero será.
Esta es otra película que ya hemos visto muchas veces. Se llama “enshittification”.
Hoy ya podemos saber que no habrá suficientes competidores como para ver guerras reales de precios. Y que el ajuste reconfigurará -de nuevo- todo el panorama profesional cuando se produzca.
Mucho ojo con pasar a depender completamente de proveedores que puede discontinuar tu modelo favorito, imponer una inflación de x100 en euros (o reduflación de 1/100 en tokens) de un mes para otro.
¿Has echado a demasiada gente confiando en precios por token a la baja?
Llegará Paco Amodei con la rebaja.
¿Has olvidado ya cómo hacer esto y aquello porque todo te lo hacía tu maravilloso enjambre de agentes?
Di adiós a tus dulces beneficios.
“Si no puedes construir un negocio viable con costes de IA 5 veces superiores a los actuales, no tienes un negocio viable: tienes un proyecto “subvencionado”.
7. No todo el mundo puede ser un gran artista, pero un gran artista puede venir de cualquier sitio
Reshuffle: la IA reduce drásticamente el mínimo común multiplicador para prestar servicios profesionales.
Si un lobo solitario legal con Claude con un conjunto de flujos de trabajo bien diseñados puede producir el mismo volumen y calidad de trabajo que un equipo de cinco asociados y dos paralegals, la justificación económica de los grandes despachos se tambalea en un montón de áreas de práctica.
Esto es una amenaza y una oportunidad (pero no para los mismos):
Los despachos consolidados se enfrentan al clásico “dilema del innovador”: su tamaño, gastos generales y procesos legacy se convierten a estos efectos en pasivos (en lugar de en activos).
Pero para los abogados individuales, y en especial los más jóvenes, la barrera de entrada nunca habrá sido tan baja.
Lean la visión del “abogado de nicho” de Jordan Furlong: yo no lo voy a explicar igual de bien que él. Que una sola persona atienda a una clientela específica con precisión aumentada por IA y gastos generales mínimos, es algo perfectamente viable hoy.
… por otro lado, nunca ha sido tan fácil como hoy en día perder la chaveta si eres un autónomo currando desde casa, cruzando tu criterio -o simplemente hablando- solamente con agentes de IA.
… o meter la pata hasta el fondo al meterte en territorios inexplorados subiéndote a hombros de la IA, por no tener nadie a tu lado con quien mínimamente cruzar tu criterio.
8. “Vamo a calmarno”
La (hoy aún enorme) brecha entre el autobombo de la IA y la realidad jurídica impone un poco de escepticismo frente a los extremos:
.- El mundo del derecho está firmemente anclado a las estructuras más conservadoras de la sociedad occidental. Todo lo que pueda cambiar lentamente en este contexto, lo hará la mínimo de revoluciones: lo hará a velocidad glacial.
No tienen más que ver a todos esos procuradores vivitos y coleando en tiempos de Lexnet. O la asombrosa escena de un farmacéutico recortando un código de barras con un cutter y pegándolo con celofán en un cacho de papel. Epatante.
.- “IA” es un término tremendamente genérico, que engloba realidades muy distintas. Los cambios arrasarán industrias enteras antes de que otras empiecen siquiera a inquietarse.
.- Cada generación ha tenido una crisis tecnológica: puede que la nuestra sea más pronunciada pero ninguna ha sido apocalíptica.
La moraleja correcta de todo esto no es, creo yo, la autocomplacencia, sino permanecer escéptico tanto frente al “nada cambiará para mí” como al “todo se viene abajo”.
Los abogados deberíamos descifrar ambas “agendas”: tanto la de quienes sostienen “la IA es solo una herramienta, nada cambiará” como los de la narrativa apocalíptica de “los abogados estáis ya fiambres”.
La mediana sensata estaría en evaluar las capacidades de la IA conforme al estándar del Best Available Human (BAH) de Ethan Mollick, en vez de frente al abogado ideal, que por cierto no existe.
Es cierto que la IA hoy supera la capacidad del abogado medio en según qué cosas, pero mucho tendrá que remar Sam Altman antes de automatizar cositas como la administración de justicia.
¿Recuerdan aquella sensación tan chunga la primera vez que introdujeron los datos de su tarjeta de crédito en internet por primera vez? Eso no va a ser nada comparado con presentar una demanda completamente automatizada en un asunto de importancia. Eso van a ser mariposas en el estómago del tamaño de águilas reales.
9. ¡Es el sistema, estúpido!
Reshuffle insiste incasablemente en que nos estamos haciendo la pregunta equivocada. “¿Qué puede automatizar la IA?” en vez de “¿Qué nuevos sistemas surgirán coordinados por la IA?”.
La reestructuración de servicios que da título al libro captura una realidad más ambiciosa que el análisis tarea por tarea.
La IA no solo cambiará lo que hacemos los abogados; cambiará cómo nos organizamos, prestamos servicios, nos regulamos, prestamos y valoramos nuestros servicios. Y lo hará al mismo ritmo que los ecosistemas a los que prestamos servicios.
“Economics” coincide con su marco de “coordinación en cascada”: cada problema de coordinación resuelto desbloqueará la siguiente capa de complejidad.
· El efecto de primer orden de la IA en la abogacía es la generación documental en esteroides.
· El efecto de segundo orden será (ya es) la reestructuración de flujos de trabajo.
· El efecto de tercer orden serán nuevas estructuras de despacho, de precios, de relaciones con clientes.
· Más tarde llegarán nuevos marcos regulatorios, nuevas dinámicas competitivas entre herramientas y soluciones y disruptores nativos legales de IA que hoy no alcanzamos (no alcanzo) a imaginar.
Los abogados que se limiten a preguntarse “¿Cómo uso ChatGPT para redactar contratos más rápido?” están optimizando un sistema que tiene los días contados.
La pregunta es: ¿Dónde quiero estar en un mundo post-generalización de la IA?.
10.- To be continued…
Dejamos para otro día:
“Los juniors, los juniors, ¿Es que nadie piensa en los juniors?” y
“Enseñar skills a Claude o no enseñar skills a Claude, esa es la cuestión: el dilema del abogao prisionero”
Jorge García Herrero
Abogado y Delegado de protección de datos.














Genial artículo, Jorge. Hace 4 años que estoy en excedencia y no ejerzo, pero siempre atento a las novedades que puedan afectar a la profesión.
Excelente artículo Jorge. Una reflexión necesaria sobre el presente y futuro de nuestra profesión.